¿Existe realmente competencia en el mercado eléctrico?

La respuesta fácil y rápida es “sin duda”, pero luego habría que acompañarlo de numerosos matices. Quizá lo primero que convenga hacer sea recordar que el sector eléctrico está compuesto por una cadena de valor de cuatro grandes actividades: la generación de electricidad, su transporte y distribución y finalmente la comercialización. El transporte y distribución son actividades con un marcado carácter de monopolio natural. No tendría sentido económico que las redes se duplicasen o triplicasen en cada territorio en función de nuevos operadores que entrasen. Son actividades donde no existe competencia y por tanto han de ser consideradas como actividades reguladas. A pesar de todo, si bien es cierto que REE es el transportista del sistema (y su operador), en distribución encontramos más de 200 empresas, aunque solo 5 de ellas ostenten el 97% de los kilómetros de redes instaladas en el país.

Sin embargo, desde el Tratado de Maastricht y las sucesivas directivas de la UE que vinieron desde entonces donde se configura el actual diseño del mercado eléctrico, las actividades de generación y comercialización si están abiertas a la competencia y cualquier inversor puede constituir cumpliendo un mínimos requisitos administrativos sociedades destinadas a uno u otro fin.

No obstante, la facilidad económica y legal para constituir sociedades en el sector eléctrico contrasta con algunas barreras de carácter técnico que obstruyen o dificultan que los nuevos entrantes adquieran verdadero peso y cuotas de mercado significativas. Es indudable que la herencia del modelo actual llevó a que un pequeño grupo de compañías heredasen una cartera realmente abultada de clientes asociados a las zonas de distribución de sus empresas suministradoras anteriores. Es decir, que hubo un grupo de empresas que partieron con enorme ventaja en el momento de la liberalización y que les situaba de inicio en mejor posición que cualquier nuevo entrante en el sector que debía hacer ingentes esfuerzos comerciales y de marketing para conseguir clientes y posicionar la marca frente a una enorme fidelización llegando incluso a ser clientes rehenes en algunos casos por la falta de información sobre el sector.

En todo caso, desde finales de los años 90 el sector de la comercialización ha evolucionado mucho, han surgido nuevas empresas, algunas a modo de start-up, otras vinculadas a grupos industriales, han entrado nuevos operadores a través de procesos de compra y adquisición de empresas ya maduras, etc. y el número de comercializadoras excede con creces los 500.

Por tanto, a pesar de existir un mercado regulado constreñido en exclusiva a las denominadas Comercializadoras de Referencia vinculadas a los operadores dominantes, también hay un amplio mercado libre con numerosas compañías y ofertas comerciales, pero donde no más de 15 o 20 han tenido éxito en sus estrategias de crecimiento y consolidación haciéndose un hueco en un mercado donde aún un pequeño número de empresas verticalmente integradas ostentan cuantiosas cuotas de mercado, de un lado, y de otra, por un número creciente de nuevas comercializadoras.

Es por todo ello, que desde ALDRO agradecemos la confianza que han depositado más de 275.000 clientes para hacernos un hueco en un sector complejo y muy competitivo.

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